El mejoramiento de la nutrición de las madres y sus hijos es una de las herramientas más costo-efectivas y de mayor impacto con que contamos para lograr el crecimiento y desarrollo óptimo del ser humano.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda ofrecer «lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, tiempo en que se inicia la introducción de alimentos seguros y nutritivos mientras la lactancia continúa posiblemente hasta el segundo año de la vida».
Desde la segunda mitad del siglo XX a la fecha se han logrado avances extraordinarios en la manufactura y formulación de los sucedáneos de la leche humana, productos alimenticios que se presentan como un sustituto parcial o total de la leche humana, sea o no adecuado para ese fin.
La leche entera de vaca no es un sucedáneo de la leche humana durante los primeros seis meses de vida por su gran disparidad nutrimental y el exceso de solutos con potenciales efectos deletéreos en lactantes. Es una responsabilidad ética de los profesionales de la salud, educar y asesorar a los padres y cuidadores de niños, sobre el uso adecuado y oportuno de los sucedáneos de la leche humana disponibles en nuestro país.
Existen otras sustancias en la leche humana que efectúan funciones diferentes a las nutricias:
a) lactoalbúmina que interviene en la síntesis de lactosa en la glándula mamaria;
b) lactoferrina, lisozima, inmunoglobulina A, oligosacáridos, aminoazúcares y lípidos con funciones antimicrobianas, antiparasitarias y antivirales;
c) inmunoglobulina A, lactoferrina, citoprotectores, inmunomoduladores de leucocitos y antioxidantes con propiedades antiinflamatorias;
d) factor de crecimiento epidérmico, hormona de crecimiento, péptidos regulatorios gastrointestinales, factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-I, por sus siglas en inglés) y factor madurador de granulocitos-macrófagos;
e) leptina, grelina, IGF-1 y adiponectina, reguladores del apetito;
f) Linfocitos B y T, macrófagos y polimorfonucleares que participan en procesos de fagocitosis y en la regulación de la respuesta inmune;
g) agentes inmunomoduladores: citocinas: IL-1b, IL-6, IL-8, IL-10, TNF-α y TGF-β
El segundo año de vida marca un cambio clave: el niño deja atrás la leche de fórmula y comienza a integrarse plenamente a la dieta familiar. Esta transición no solo significa el fin de la fórmula, sino también la oportunidad de ampliar sabores, texturas y hábitos saludables. Adiós a la fórmula: a partir de los 12 meses, la leche materna puede continuar si la madre lo desea, pero la fórmula ya no es necesaria.
Bienvenida la dieta familiar: el pequeño empieza a compartir los mismos alimentos que el resto de la familia, adaptados en porciones y consistencia.
Clave del proceso: ofrecer variedad de frutas, verduras, cereales y proteínas, evitando exceso de azúcar, sal y ultra procesados.
La leche sigue presente: ahora en forma de leche entera de vaca (o alternativas fortificadas), como complemento de una alimentación más amplia.
Este momento es ideal para fomentar hábitos alimenticios positivos, ya que lo que el niño aprende en esta etapa será la base de su relación con la comida en el futuro.
La leche cruda sin pasteurizar puede contener bacterias peligrosas como Salmonella, E. coli y Listeria, responsables de causar numerosas enfermedades transmitidas por los alimentos; por ello es necesaria la pasteurización.
Ésta se define como «el proceso de calentamiento de cada partícula de leche o un producto lácteo, en un equipo adecuadamente diseñado y operado, a cualquiera de las combinaciones de tiempo/temperatura de pasteurización especificados», y su propósito es destruir los patógenos humanos.
El tratamiento de pasteurización más común es un calentamiento rápido de la leche a no menos de 72 °C manteniendo esta temperatura durante al menos 15 segundos. La leche cruda no mata patógenos peligrosos por sí misma; de hecho, ha sido identificada como una fuente de brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos.
La pasteurización de la leche no reduce su valor nutrimental; no causa intolerancia a la lactosa y reacciones alérgicas; y la pasteurización no significa que sea segura para dejar la leche fuera del refrigerador por un tiempo prolongado, sobre todo después de que se haya abierto56-59.
La leche cruda, la leche pasteurizada y no-homogeneizada o la leche pasteurizada y homogeneizada no son toleradas por niños con alergia a las proteínas de leche de vaca.
Sin embargo, algunos estudios han mostrado que crecer en un entorno agrícola se asocia a un menor riesgo de alergia y asma; la hipótesis es que la ingestión temprana de leche cruda de vaca sería un posible factor involucrado.
Es conocido que el microbioma intestinal se desarrolla desde el nacimiento y durante la niñez temprana; al parecer, hay factores, incluyendo el tipo de leche que se consume (humana, de vaca, cruda o pasteurizada), que podrían influir en el desarrollo del microbioma, lo que disminuiría en el lactante el riesgo de alergia64. Los niños de granja o rancho entran en contacto con una gama más amplia de bacterias/alérgenos en comparación con los niños que viven en las ciudades modernas, y se ha pensado, aún sin evidencias confluyentes, que la exposición temprana a estos alérgenos agrícolas podría ayudar a que algunos niños desarrollen un sistema inmune más robusto y, en consecuencia, evitar el desarrollo de la alergia a la proteína de leche de vaca.
Se ha observado una asociación inversa entre el consumo de leche de vaca no procesada e infecciones respiratorias en lactantes y se ha considerado que la leche, microbiológicamente segura, sería de gran relevancia para la salud pública en las infecciones respiratorias comunes.
Si los riesgos para la salud de la leche de vaca cruda pueden superarse, el impacto en salud pública de la leche mínimamente procesada, libre de patógenos, sería enorme dada la elevada prevalencia de infecciones respiratorias en el primer año de vida y los costos directos e indirectos asociados. Hay anticuerpos que pueden ser inducidos por cuatro proteínas de la leche de vaca: caseína, β-lactoglobulina, lactoalbúmina y γ-globulina y provocar mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 1.
Los recién nacidos y lactantes tienen mayor permeabilidad de la mucosa intestinal, lo que permitiría una interacción de las proteínas y péptidos de leche de vaca con el sistema inmune con incremento en el riesgo de una respuesta autoinmune. En conclusión, todo recién nacido debe tener el privilegio de ser alimentado al pecho materno en forma exclusiva por seis meses; y a partir de esa edad, continuar la lactancia materna hasta los 24 meses con la introducción adecuada, variada y perceptiva de alimentos complementarios. Desafortunadamente, México ocupa uno de los primeros lugares en el mundo en la incidencia de cesáreas no justificadas; esta desventaja afecta el logro de una lactancia materna exitosa. Es recomendable que la Secretaría de Salud planee estrategias adecuadas para abatir la incidencia de cesáreas no justificables. Si es necesario indicar un sucedáneo de la leche humana, asegurar que la familia tendrá los recursos económicos para su uso adecuado. Es importante evitar cambios frecuentes de fórmulas; esta costumbre crea confusión en las madres y en los médicos. Es una responsabilidad ética de los profesionales de la salud educar y asesorar a los padres y cuidadores de niños sobre el uso adecuado y oportuno de los sucedáneos de la leche humana disponibles en nuestro país.
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