El síndrome de resistencia a la insulina ha pasado a ser hoy en día, uno de los factores etiológicos más importantes tanto de morbilidad, como de mortalidad a nivel mundial, debido a su asociación con obesidad, hipertensión arterial, dislipidemia, arteriosclerosis y el desarrollo de diabetes mellitus (DM) tipo 2 .
En las últimas décadas hemos visto surgir una enorme proporción de niños y adolescentes con síndrome de resistencia a la insulina (síndrome X, síndrome metabólico), obesidad y DM tipo 2.
La obesidad infantil ha adquirido proporciones epidémicas a nivel mundial, actualmente se describe 22 millones de niños con sobrepeso y solo en Estados Unidos el porcentaje de niños obesos se ha duplicado en las últimas tres décadas, más aún en ciertos grupos étnicos como lo son niños de raza negra donde se observa que 21,5 % de individuos en edad pediátrica, presentan sobrepeso y de ellos niños de origen latinoamericano nacidos en Estados Unidos, 21,8 % son obesos. También es notorio que adolescentes de algunas tribus indígenas norteamericanas como son los indios pimas, la obesidad, la resistencia a la insulina y la DM tipo 2 se presenta en un porcentaje mucho mayor que en aquellos de origen caucásico.
El síndrome metabólico ha pasado a ser uno de los mayores problemas de salud pública de nuestros tiempos. La asociación de obesidad, dislipidemia, ateroesclerosis, hipertensión arterial y DM tipo 2, resulta en una reducción en el pronóstico de vida, mientras que otras características asociadas al síndrome metabólico, como lo son hiperandrogenismo, ovarios poliquísticos, fertilidad y cambios en la imagen corporal van afectar la salud y la calidad de vida.
En la mayoría de los casos el síndrome metabólico se inicia con aumento de peso corporal, hiperinsulinismo y dislipidemia, progresando posteriormente a un estado de hiperglicemia posprandial (intolerancia glucosada, descrita como curva de tolerancia anormal) y finalmente a una hiperglicemia en ayunas, estableciéndose una DM tipo 2. Todo lo descrito anteriormente predispone a esteatosis hepática y complicaciones micro y macrovasculares.
El desarrollo del síndrome metabólico y posteriormente las complicaciones cardiovasculares y la diabetes tipo 2, están determinadas por una interrelación entre factores genéticos y ambientales, donde el tipo de nutrición juega un papel predominante y por ende la obesidad infantil y la del adolescente es determinante en el desarrollo de estas enfermedades
Los factores ambientales son determinantes en la aparición de la obesidad y posteriormente en el desarrollo de la resistencia a la insulina, este hecho se evidencia en forma notable en individuos que han sufrido de cierto grado de desnutrición y posteriormente son expuestos a una sobrealimentación, como es el caso de poblaciones pobres que migran a países más desarrollados y cambian de hábitos alimenticios . T
ambién es bien conocida la relación que existe entre niños que nacen con retardo de crecimiento intrauterino (con bajo peso al nacer para la edad gestacional) y que posteriormente como adolescentes o adultos van a desarrollar un síndrome de resistencia a la insulina con obesidad y un porcentaje importante presentan posteriormente DM tipo 2 y enfermedad cardiovascular
La prevención de enfermedades crónicas desde la infancia es un tema central en la nutrición infantil, y uno de los aspectos más relevantes es la regulación de la insulina. Desde la cuna, los hábitos alimentarios pueden marcar la diferencia entre un metabolismo saludable y el riesgo de desarrollar problemas como obesidad, diabetes tipo 2 o síndrome metabólico en etapas posteriores de la vida.
La insulina es la hormona que regula el azúcar en la sangre, y en los niños puede verse afectada por dietas altas en azúcares refinados, bebidas azucaradas y ultraprocesados. Cuando el organismo recibe constantemente estos estímulos, se genera una resistencia a la insulina, que es una señal de alerta temprana de riesgo metabólico. Entre las señales que pueden observarse están el aumento rápido de peso, cansancio excesivo, hambre constante, dificultad para concentrarse y, en algunos casos, manchas oscuras en la piel (acantosis nigricans).
La prevención comienza con una alimentación equilibrada: frutas, verduras, cereales integrales, proteínas de calidad y grasas saludables como las del aguacate o el aceite de oliva. También es clave limitar el consumo de azúcares añadidos y fomentar la actividad física diaria, ya que el movimiento ayuda a que la insulina trabaje de manera más eficiente.
En resumen, cuidar la nutrición desde la infancia significa enseñar a los niños y a sus familias que la insulina es un indicador de salud que debe mantenerse estable. Detectar las señales de alerta y promover hábitos saludables desde los primeros años es una estrategia poderosa para prevenir enfermedades crónicas y garantizar un desarrollo pleno y sostenible a lo largo de la vida.
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