Técnicas de "Food Chaining" para ampliar el paladar.
La neofobia alimentaria infantil se asocia normalmente a un menor consumo de frutas y verduras, y esto último se relaciona con una dieta menos saludable.
Se han llevado a cabo diferentes tipos de programas con el objetivo de reducir la neofobia alimentaria y aumentar así la ingesta de frutas y verduras en la infancia. Entre ellos, los de educación sensorial han mostrado su eficacia. Por otro lado, los diversos programas nutricionales que incluyen actividades de huerto y preparación de alimentos se utilizan con el mismo fin.
No obstante, la heterogeneidad de los programas y de sus evaluaciones dificultan llegar a conclusiones sólidas sobre su efectividad. Se han llevado a cabo diversos estudios experimentales para determinar el efecto de cada una de las etapas de la preparación de alimentos por separado: la elección de la receta, la compra de los alimentos, su cocinado y su emplatado.
Si bien los resultados son prometedores, es necesario realizar estudios en entornos reales para validar dichos experimentos. Un ejemplo es el proyecto EgizuSUK, llevado a cabo en el ámbito escolar y que engloba diferentes sesiones que trabajan las etapas del proceso de alimentación y cuyos resultados, comparados con un grupo control, parecen estar en línea con los estudios experimentales.
Finalmente, y con el objetivo de promover una alimentación saludable en la población infantil, se considera necesario que los programas incluyan elementos de educación nutricional y educación sensorial, así como de habilidades culinarias. Además, tener en cuenta el entorno escolar y el contexto familiar es clave para el adecuado desarrollo de dichos programas.
Según las últimas publicaciones, los datos de prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil y juvenil en España son alarmantes. En 2012, dentro del grupo de población de entre 8 y 17 años, un 26% sufría sobrepeso y el 12,6%, obesidad . Siendo esto así, las tasas de obesidad en España se sitúan entre las más altas de Europa. Los estilos de vida y, más concretamente, los hábitos alimentarios poco adecuados, son factores que hay que tener en cuenta para poder combatir dichas tasas.
El bajo consumo de frutas y verduras entre la población infantil-juvenil es una realidad que resulta inquietante, ya que su ingesta se vincula a una adiposidad baja y a una protección contra las enfermedades cardiovasculares, la obesidad y varias enfermedades crónicas. De manera general, es muy importante promover una dieta saludable desde la infancia porque sabemos que los hábitos alimentarios durante esta etapa van a tener un fuerte impacto sobre la calidad de la dieta en la edad adulta
La neofobia alimentaria, cuyo significado literal es “miedo a probar alimentos nuevos”, supone el rechazo a nuevos productos alimenticios . Este comportamiento está presente en las especies omnívoras; de hecho, se conoce como “el dilema del omnívoro”.
La neofobia alimentaria se considera una estrategia adaptativa muy eficiente para evitar el riesgo de ingerir alimentos nuevos (y desconocidos) que podrían ser potencialmente tóxicos. Sin embargo, los humanos presentan diversas estrategias para resolver ese dilema. Una de ellas implica observar e imitar las dietas de los demás. De esta manera, el mecanismo psicológico responsable de modelar las preferencias alimentarias presenta importantes componentes de aprendizaje social. De hecho, los periodos críticos en los que se aprenden las preferencias alimentarias transcurren cuando los niños dependen de los adultos para alimentarse. Asimismo, el rechazo a nuevos alimentos se ha considerado como una etapa típica del desarrollo en la infancia.
A partir de los 2 ó 3 años, los niños suelen presentar aversión a probar los alimentos nuevos que se les ofrecen. Además, si a esto último unimos que los sabores dulces y salados se prefieren de forma innata desde el nacimiento, las frutas y las verduras suelen ser los alimentos que se rechazan con más frecuencia.
Así, la neofobia alimentaria tiene efectos negativos sobre las elecciones alimentarias e influye en la reducción del consumo de frutas y verduras en ese grupo de población. La neofobia alimentaria se asocia con una dieta menos saludable, por ello, intentar disminuirla suele ser una estrategia frecuentemente utilizada para mejorar la dieta. La exposición a nuevos alimentos ha sido la estrategia más utilizada para reducir la neofobia alimentaria, ya que la exposición habitual hace que el alimento deje de ser nuevo y aumente su familiaridad. Asimismo, que el niño tenga experiencias positivas con alimentos se ha considerado también muy necesario para promover la disposición a probar otros nuevos
La selectividad alimentaria en la infancia, conocida como picky eating, es un reto común en la nutrición infantil. Muchos niños limitan su dieta a unos pocos alimentos, lo que puede generar deficiencias nutricionales y dificultades sociales. Para ampliar su paladar, una técnica efectiva es el “food chaining”, que consiste en introducir nuevos alimentos de manera gradual, partiendo de aquellos que el niño ya acepta.
El método se basa en crear una cadena de similitudes: se comienza con un alimento preferido y se van ofreciendo opciones que se parecen en sabor, textura, color o forma. Por ejemplo, si un niño solo come nuggets de pollo, se puede pasar a croquetas caseras, luego a tiras de pollo empanizado y finalmente a pollo al horno. Así, el cambio es progresivo y menos intimidante.
El objetivo es reducir la ansiedad frente a lo desconocido y aumentar la variedad de la dieta sin imponer ni forzar. Además, se recomienda acompañar el proceso con un ambiente positivo en la mesa, evitando presiones y celebrando pequeños avances.
En resumen, el food chaining es una estrategia práctica y respetuosa que ayuda a los niños con selectividad alimentaria a explorar nuevos sabores y texturas, mejorando su nutrición y su relación con la comida.
Referencias bibliograficas:
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