Una de las principales ocupaciones (y actividad básica) del niño es la alimentación, pues es la base que genera la energía necesaria para afrontar las actividades y aprendizajes de su día a día, permitiendo su desarrollo físico e intelectual. La alimentación es un proceso placentero que se desarrolla en numerosos entornos y varias veces al día. Además, dota al niño de experiencias motrices, sensoriales, emocionales y de interacción. Sin embargo, puede verse alterada por numerosos factores y convertirse en un momento desagradable del día, tanto para el niño como para su familia. Esto puede deberse a la preocupación por unos malos hábitos alimenticios, unido a las experiencias negativas que les proporciona la hora de la comida, ya que, todo ello, puede generar una fuente de estrés. Es frecuente encontrar dificultades de alimentación en niños con algún problema del desarrollo influyendo estas a distintos niveles.
El rechazo o preferencia por ciertas texturas, sabores, olores, colores, temperaturas o formas; la negación a probar alimentos nuevos; la preferencia por ciertas marcas: los problemas de conducta (conducta de pica, escupir, tirar o tocar el alimento, comer de pie, inflexibilidad ante cambios del entorno) o no masticar son algunas de las dificultades que nos encontramos con mayor frecuencia.
Señales clave para buscar evaluación profesional:
Problemas Sensoriales: Hipersensibilidad a texturas, olores, sabores o colores de los alimentos.
Dificultades Motoras Orales: Tos, atragantamiento frecuente, arcadas o incapacidad para gestionar sólidos.
Selectividad Extrema: Dieta muy limitada, negativa a probar alimentos nuevos o rigidez extrema con las marcas.
Impacto Nutricional/Crecimiento: Falta de ganancia de peso o crecimiento deficiente.
Ansiedad a la hora de comer: Estrés familiar significativo, gritos o conducta agresiva durante las comidas.
Transición a sólidos: Dificultad para pasar de purés a sólidos o comer con cuchara.
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Una intervención temprana en los primeros años de vida es fundamental para restituir estos problemas lo antes posible. Esta intervención debe ser individualizada, teniendo en cuenta las habilidades y necesidades particulares de cada niño. El Terapeuta Ocupacional, mediante una valoración exhaustiva (observación directa e indirecta, entrevista a padres…), determinará cuáles son las dificultades específicas por las que existe el problema (dificultades de integración sensorial, dificultades de masticación, debilidad de la musculatura orofacial, mal control postural, problemas de conducta…) y planteará objetivos de tratamiento adecuados para llevar a cabo la intervención desde distintos abordajes y disciplinas en función de las necesidades.
Lascuráin de Retana no. 5, Centro, C.P. 36000, Guanajuato, Gto., México. Página web: http://www.jovenesenlaciencia.ugto.mx/
Clara Adriana Vásconez Coloma, Hernán Mauricio Mañay Montero, Martha Cecilia Barreno Silva , Verónica Alexandra Guamanquispe Tigse, Nancy Elizabeth Iza Tubon, Aprendiendo a aprender: herramientas para abordar déficits de aprendizaje en educación básica , Arandu UTIC: Vol. 13 Núm. 1 (2026)
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