martes, 24 de marzo de 2026

El eje intestino-cerebro en niños con TDAH o TEA.



El eje intestino-cerebro en niños con TDAH o TEA.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un desorden del desarrollo de origen genético, cuyos síntomas principales son inatención, hiperactividad e impulsividad. Es uno de los trastornos más frecuentes en la infancia.

Según Scandar (2000) se estima una prevalencia del 3% al 5% en la población de edad escolar. En coherencia con los avances científicos, el diagnóstico y tratamiento del TDAH se ha ido modificando a lo largo del tiempo. Durante muchos años prevaleció el diagnóstico individual y el tratamiento focalizado en el niño. Pero en las últimas décadas, ha surgido una visión más integrativa de los factores a tener en cuenta para el diseño de las intervenciones. Desde esta perspectiva, se ha diseñado un taller para padres y docentes utilizado como estrategia psicoeducativa para el abordaje del niño con TDAH.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los desórdenes infantiles más estudiados en los últimos 100 años. Una larga historia de investigaciones científicas y clínicas se han abocado a comprender su naturaleza. Los avances obtenidos han permitido construir criterios cada vez más específicos para su diagnóstico y tratamiento.

Según Barkley (1995) el TDAH se conceptualiza como un desorden evolutivo de la autorregulación de origen genético, que implica problemas con la atención sostenida, el control de los impulsos y el nivel de actividad. La comunidad científica reconoce el sustrato neurológico del TDAH e identifica sutiles diferencias cerebrales, que son el resultado de procesos genéticos y / o biológicos ocurridos durante la gestación. De acuerdo con Scandar (2000) y Castellanos (2001) este sustrato neurológico tiene un papel central en la aparición de los síntomas, los cuales se evidencian desde la temprana infancia y se mantienen a lo largo de toda la vida, aunque modificándose en las diferentes etapas evolutivas.

Se estima que entre el 3% y el 5% de la población en edad escolar padece TDAH, o sea que por lo menos un niño por grado escolar puede ser diagnosticado Con este trastorno. Los síntomas primarios del trastorno son tres: inatención, hiperactividad e impulsividad. Estos suelen ir acompañados por dificultades emocionales, cognitivas, interpersonales y académicas, que son considerados los síntomas secundarios del desorden. La sintomatología varía de un niño/a a otro/a, presentando cada individuo una combinación particular de dificultades y fortalezas.

Si el TDAH se diagnostica con precisión pero el abordaje terapéutico no es exitoso, el riesgo de padecer desórdenes psiquiátricos y psicológicos se incrementa. Siguiendo a Barkley (1998), se puede afirmar que más del 44% de los niño/as con TDAH presentan, por lo menos, un trastorno psiquiátrico comórbido, siendo los más frecuentes: Trastorno de Conducta, Trastorno Oposicionista Desafiante, Trastorno de Ansiedad, Depresión y Trastornos del Aprendizaje. Por lo tanto, los niños que padecen el trastorno exhiben un patrón diferente de comportamiento, habilidades y cogniciones en relación con los niños que no lo presentan.

Generalmente, estas diferencias dificultan el desarrollo integral del niño y, en este sentido, el TDAH puede ser considerado un verdadero factor de riesgo. Sin embargo, no siempre estas diferencias ocasionan desventajas, a veces son fuente de recursos y talentos. González de Mira (1997) ha observado que los niños con TDAH se destacan por poseer una alta capacidad energética, una buena memoria visual y auditiva, un buen sentido del humor, son creativos, sensibles y se comprometen intensamente con las personas queridas. Identificar dichas fortalezas es una tarea indispensable para un tratamiento exitoso.



La neuro-nutrición infantil estudia cómo la alimentación influye en el desarrollo y funcionamiento del cerebro, especialmente a través del eje intestino-cerebro. Este eje conecta la microbiota intestinal con el sistema nervioso central y juega un papel clave en niños con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y TEA (Trastorno del Espectro Autista).

La microbiota intestinal produce neurotransmisores como serotonina y dopamina, fundamentales para la regulación del ánimo, la atención y la conducta. Cuando existe un desequilibrio intestinal, pueden aparecer síntomas como impulsividad, ansiedad, irritabilidad o dificultades de concentración. Por ello, la dieta se convierte en una herramienta de apoyo para modular la microbiota y mejorar la comunicación entre intestino y cerebro.

Los nutrientes más relevantes son los ácidos grasos omega-3, que favorecen la plasticidad neuronal y la comunicación sináptica; las vitaminas del grupo B, necesarias para la síntesis de neurotransmisores; y minerales como zinc, hierro y magnesio, que regulan la energía cerebral y la función cognitiva. Además, una alimentación rica en antioxidantes ayuda a reducir la inflamación y el estrés oxidativo, protegiendo las neuronas.

En cuanto a patrones dietéticos, la dieta mediterránea ha mostrado beneficios en el rendimiento cognitivo y la regulación emocional gracias a su aporte de frutas, verduras, pescado y aceite de oliva. En algunos casos de TEA, se han explorado dietas libres de gluten y caseína, aunque la evidencia científica aún es limitada. Para niños con TDAH, la reducción de azúcares refinados y colorantes artificiales puede disminuir la hiperactividad en ciertos casos.

Es importante subrayar que no todas las dietas restrictivas son seguras y que cada niño responde de manera diferente. La intervención debe ser personalizada y supervisada por profesionales de la salud, evitando riesgos de deficiencias nutricionales.

En resumen, la neuro-nutrición infantil muestra que la comida no solo alimenta el cuerpo, sino que también modula el cerebro y la conducta. Una dieta equilibrada, rica en nutrientes clave y enfocada en la salud intestinal, puede ser un apoyo valioso en el manejo de TDAH y TEA, ofreciendo a padres y profesionales una visión práctica sobre cómo la alimentación impacta directamente en el bienestar y desarrollo de los niños.
Referencias bibliograficas:


Anastopoulos, A., Smith, J. y Wein, E. (1998). Counseling and Training Parents. En R. Barkley, (Eds.), Attention Deficit Hyperactivity Disorder: A handbook for diagnosis and treatment (pp. 373-394).
New York: The Guilford Press. Anastopoulos, A. D.,Shelton, T. L., DuPaul, G. J. y Guevermont, D. C. (1993).
Parent training for attention deficit hyperactivity disorder: Its impact on parent functioning. Journal of Abnormal Child Psychology, 21, 581-596. Barkley, R. (1995).
Taking Charge of ADHD. New York: Guilford Press. Barkley, R. (1998).
ADHD and the nature of self control. New York: Guilford Press.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El impacto de las pantallas durante la hora de comer.

Actualmente, con la era tecnológica, las pantallas juegan un papel fundamental dentro de la sociedad, incluyendo niños y adolescentes, quie...